jueves, 11 de marzo de 2010

¿POR QUÉ MARRUECOS?

Voy a aprovechar la ocasión y, puesto que tengo un ratito libre, voy a comentar en forma de resumen cuales han sido las causas por la que Marruecos me ha conquistado y de ahí los trabajos fotográficos que de su gente y sus costumbres realizo.

Mi padre, José María Cárdenas, prestó el servicio militar en Sidi-Ifni sobre el año 1961, cuyos recuerdos se plasman en una gran colección de fotografías en blanco y negro que guardo como el mayor tesoro del mundo. Camellos, serpientes, armas, amistades y otros detalles pueden observarse en tan entrañable colección.



Si bien sus interesantes historias las escuchaba con gran entusiasmo, y no me cansaba que me las repitiera una y otra vez.


Cumplido mis 14 años, solía pasar las tardes algo diferente de los demás niños, pues me dedicaba ayudar mi tío Manuel De Arias en su humilde carpintería y de ese modo aprender el hermoso oficio de la ebanistería, del cual aprendí bastante y al cual dedico hoy día algún tiempo.


Pues bien, entre virutas y clavos, mi tío me contaba historias y anécdotas sobre Marruecos ya que cuando tenia 16 años estuvo viviendo un par de años allí con su familia.

Antes de nacer, un hermano de tan sólo 6 años, falleció de una enfermedad en el año 1933, permaneciendo desde entonces su tumba en el cementerio de Meknes.


Cuando nació mi tío, heredó el nombre de su desafortunado hermano.

Otra historia que recuerdo fue cuando un día, hubo una rebelión de los autóctonos frente a los extranjeros que vivían en la localidad, y que él con su pequeña bicicleta, alcanzó altas velocidades para poder evitar a un árabe que intentaba cogerle, y según me dice, fue el mayor susto de su vida.

En un pueblecito en la costa, estuvo al borde de la muerte tras intoxicarse al comer unos mejillones.

Ya de mayor, en mi actual trabajo, tuve la oportunidad de conocer de Joaquín, compañero y amigo, quién tuvo buena conexión con mi tío Manolo desde hace algunos años atrás, teniendo como vínculo el maravilloso país de Marruecos.


Si bien Joaquín, gran conocedor de recónditos y atractivos parajes del país, me invitó a una de sus expediciones en el año 2003, recorriendo en coche de Norte a Sur, paseando por modernas ciudades unidas con la historia como Marracket, durmiendo en el desierto de Merzouga, disfrutando de gargantas, oasis y fuentes de agua salidas de la nada, de pueblos que crecen entre las piedras, de lugares impensables. La cámara de fotografía fue como un compañero de viaje más.


En el años 2007 regresé a Marruecos, de nuevo recorriéndolo de Norte a Sur, pero esta vez en motocicleta, con mi Honda CBF 600, conociendo diferentes lugares y aprendiendo más de su gente, humilde y amable, sus modestos oficios, y adquiriendo experiencia de los compañeros de viaje. En este viaje tuve la suerte de portar un equipo fotográfico más eficaz, dando buenos resultados, y la aventura no pudo ser mejor.

En Cádiz, el peor día del año 2008, en octubre, prepare un pequeño viaje a Marruecos de tan solo 4 días para enseñarles por primera vez el Marruecos del que yo aprendí a unos amigos. A mi me hubiese gustado estar más tiempo pero tuve que adaptarme al resto de grupo, fue mi tercer viaje, y como en anteriores ocasiones, el inconfundible aire de África se hacia notar. Este viaje fue más bien de placer en el sentido de la tranquilidad del mismo, ya que en otras ocasiones disfrutamos algo más de la aventura, aprovechando para realizar nuevas tomas fotográficas, disfrutar de la piscina de Sidi Harazem, de los laberínticos callejones de Fez, las murallas de Meknes, pasear por el pueblo de peregrinación Mulay Idris y por la antigua ciudad romana de Volubilis, que ya conocí anteriormente.


Quizás sea la unión de todo ello la causa por la que deseo no dejar de visitar Marruecos nunca, y tener ganas de volver tan pronto como pueda, y conocer cada rincón del país.


Oscar Cárdenas.

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